“Imagina que eres un personaje gris, una persona dedicada por completo a una tarea. Sin vida personal, sin vínculos afectivos ni más ambiciones propias que la de hacer meticulosamente tu trabajo. ¿Te resulta fácil? Estamos en el Berlín oriental de 1984, unos cinco años antes de la caída del Muro. Te llamas Gerd Wiesler y eres profesor y empleado de la Stasi, la implacable policía del régimen que controla las actividades de todos los habitantes. Eres parte de una red que hace circular información sobre las actividades de tus amigos, esposos, familiares. El estado de sospecha es permanente, nadie conoce a nadie. ¿Sigue siendo fácil?
Una noche te invitan a presenciar una obra de teatro escrita por Georg Dreyman e interpretada por su mujer, Christa María Sieland, una de las actrices más prestigiosas de la ciudad: la pareja dorada del ambiente artístico de la Alemania del Este. Sugieres a tu jefe comenzar a vigilarlos. Rodeado de grabadores y enormes aparatos, te instalas en el ático del edificio donde vive la pareja y comienzas a escuchar. Participas de su vida cotidiana, les oyes conversar, pelearse, reconciliarse y hacer el amor. Un buen día tu frialdad se quiebra. Clic. Porque te sientes parte de “La vida de los otros”. Ya se sabe. Todos nos hemos conmovido alguna vez por las tragedias y las emociones ajenas. Tú, personaje gris, tú el primero. Imágenes en el telediario de las 3, galas de Operación Triunfo, nuevas canciones de Fito hablando de amor, cafés-clinex con amigos que duran tres horas (hora y media bien establecida para que cada uno se “suene” equitativamente las penas). Y después una especie de calorcillo reconfortante. ¿No somos mejores cuando se nos encoje un poquito el corazón?
Te llamas Gerd Wiesler y eres profesor y empleado de la Stasi, eres un hombre como todos y a ti también se te encojerá el corazón alguna vez… Como al resto de tus compañeros. ¿No es eso la vida? Pero un día ocurre algo. Clic. Y además, tienes que ELEGIR. Porque un buen día tu jefe te dice: “¿sigues del lado de los buenos?” y a ti no te tiembla la voz cuando le respondes:
SÍ.”
No hay duda de que luego te cagarás de miedo. Porque elegiste que esos “otros” formaran parte de tu vida, que empezaran a ser de “los nuestros”. Aquí no hay excusa, esto no es como los abrazos obligados de Nochevieja, ni cuando llamas por teléfono para felicitar a tu primo segundo. Elegiste. Y de nuevo se te encojerá el corazón… de miedo. ¿Quién ha dicho que ser humanamente hombre era fácil? Ser un hombre solitario te parece ahora más sencillo que aprender a compartir “la vida de los otros”…



ser un hombre solitario es claramente más sencillo que compartir “la vida de los otros”.
compartir la vida es realmente complicado. y ser felíz es difícil. quizás tengas razón y tengan algo que ver…
bienvenida amantaní!! Un alegrón verte por estos lares
espero que también nos encontremos pronto en Cuatroojos, en Madrid, en Nueva York o en Senegal…Sea donde sea, me gusta encontrate… “otra” ya tan “mía”…
Me encantó esta película y también me dejó pensando. Entregar su vida solitaria y “enamorarse” de otros no es tarea fácil. A mi me gusta cómo termina él, como el escrito le regala un libro y se lo dedica. Buen post, buena reflexión.
P.D. Como dato curioso, al otro día de verme está película en cine, me enteré por los medio que el actor que hacía de espía ganaba un Oscar, días después fallece.
Así es la vida.