
Hoy todo habla de lo mismo. Las calles rezuman tristeza y el maquillador retoca las lágrimas de la chica del telediario. Más de 150 muertos en Barajas.
Yo también he llorado… Y ha sido extraño. Todos los días, de forma inexorable, hay decenas de muertos por cáncer, carretera o guerras en países exóticos. Y ha sido extraño. Porque esas veces lloramos menos, la pena parece más soportable. Los muertos parecen estar menos muertos...
Es como si, en esos casos, la muerte viniera a una cita que de algún modo la hubiéramos programado. Puede que sentados en una silla del hospital o mediante las lecciones de Historia, cuando nos enseñaban que las guerras son casi inevitables; puede que fuera con los escabrosos anuncios de la DGT. Son los muertos menos muertos. Espacios donde la nada parece tener una razón, un esquema lógico y una dialéctica. Tiempos en los que la muerte acepta jugar al ajedrez.
Entonces creemos que hay una esperanza de ganar la partida. Porque somos buenos jugadores de ajedrez. Pensamos que la Muerte sigue las reglas del juego y que aún es tiempo de tomar fresas con leche…
Pero puede que la Muerte tire las fichas al suelo desde el principio, que todo sea un accidente… Entonces entran ganas de llorar. No hay nada que decir, porque no hay nadie a quien culpar, porque la Muerte es el Arcano sin Nombre. No se ata ni a números ni a citas…
Mientras tanto, juguemos y juguemos.



No me siento apenado especialmente por este suceso. Ni por ningún otro en el que no esté inmerso yo mismo o la gente a la que quiero.
No soy tan hipócrita como para participar en una burbuja de compasión virtual. No poséo dones empaticos. No puedo ponerme en el lugar de alguien que no conozco.
Soy como todas las víctimas, familiares, amigos y verdugos de toda ralea y pelaje. Un ser humano.
Creo que la solidaridad es un invento muy útil del que todos deberíamos echar mano sincera y constantemente, pero también creo que cuando lo hacemos nos comportamos como los auténticos miserables que somos.
Porque en el fondo vivimos en el mundo que hemos elegido e inevitablemente todo tiene un precio.
Y lo pagamos…
“Una cosa es lo que quieras y otra lo que obtengas”
La muerte forma parte de la vida, pero el ser humano es tan orgulloso que no se da cuenta de ello. Cree que puede controlarlo todo y que el universo entero gira en su ombligo, por eso cuando los muertos estan menos muertos lloramos, pero de impotencia al redescubrir que no estamos exentos de morirnos.