Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘viajar’ Category

Para los japoneses es bueno que una persona se parezca a otra, supone una especie de alivio que hace su sonrisa más fácil. Todos esos programas de televisión de imitación de artistas y pruebas absurdas que ponemos en los zapping de Occidente aquí arrasan en casas y bares de sake. Eso y los asuntos del corazón entre el luchador de sumo ganador del torneo de la temporada y la chica de Roppongi Hills de turno.

– ¿Por qué tuercen las piernas hacia dentro y van haciendo eses?

– Será una deformación genética asiática (¡¡¡), como las manchas de nacimiento mongólicas con las que nace toda esta raza. Parecen juncos agitándose en la charca. (¡¡¡)

– Ya. ¿Y por qué TODOS los hombres y las mujeres de más de 45 años tienen las piernas rectas? ¿Es que las nuevas mujeres ya no son mongólicas?

– Será el manga.- Una chica pasa por delante de nosotros de las escaleras del metro. Lleva unas bragas de encaje de pantalón.

-Será.

Estamos en Akihabara (Electronic Town), subiendo un ascensor literalmente forrado de anuncios manga semipornográficos y semipederastas de los nuevos lanzamientos en libro y móvil. Nos rodean las aceleradas y educadas hormonas de un par de frikies gafa-granos-abrigoplumas ansiosos por llegar a la sexta planta. Uno de las decenas de edificios dedicados por completo al manga y sus diversos derivados. Se abre la puerta. Sale a nuestro encuentro una ¿niña? vestida con cofia y delantal que nos saluda con el mil veces repetido hechizo: “Irasshaimase” (“bienvenido” según los diccionarios. Yo creo que, como pasa con las copas a las 5 de la mañana, la frase lleva droga dentro para que pierdas el gobierno de tu mente).

Los edificios rosas, azules, ¡irasshaimase!, comienzan a confundirse. Todos son uno, el mismo y pulcro y enorme edificio, ¡irassahimase! VAS A COMPRAR.

Chorradas quizás (portaplátanos, portapalillos, portasushi, portatetas o portacolillas) ¡irassahimase! o a lo mejor entonces te dan ganas de ser como la chica que tu madre quiso que fueras y comprar el uniforme del colegio que siempre te quitabas en el baño del Instituto porque picaba en la tripa y daba calor. Aquí llevan los miniuniformes hasta los domingos, las lolítas góticas se reúnen en el puente del barrio de Harajuku. ¿Una reivindicación del pasado aristocrático japonés o una subida de autoestima para las adolescentes sin futuro de los barrios de las afueras? ¡Irasahimase! La falda no sube o sube demasiado. En este país soy una obesa marcada a fuego por la industria textil con una XXL.¡Iirassahimase! Para celebrar mi obesidad me doy un atracón de sashimi recién pescado en la loja de pescado Tsukiji, la más grande del mundo.

No vas a parar de dar a los botones del ascensor, ¿verdad? Ahora te acompañan dos hombres de negocios que bebieron demasiado en Roppongi y buscan un hotel-cápsula donde descansar (por ahora temporalmente) sus mongólicos huesos. Allí mujeres, borrachos (?) y hombres con tatuaje de la mafia de la Yakuza tienen vetado el paso.

¡Irassahimase! Te comprarás un manga con caracteres incomprensibles seducida/o por una ¿niña o hombre travestido? de edad indescriptible. Seguro. ¡Irassahimase! Y  después caerá un paragüas con mango de katana que en el aeropuerto pasará a llamarse “reproducción de arma peligrosa” o por qué no algas disecadas, un bote de pasta de wasabi, un brick que no es de Cumbre de Gredos sino de sake o un usb con forma de perro que procrea con el teclado de tu ordenador… Vas a comprar.

Por la planta 24 pasa el tren bala para Kyoto, mejor paro en la 25.

He acabado con una enorme y pegajosa bola blanca en la boca que me han calentado en el microondas del seven-eleven con una suerte de verduras y brochetas indefinidas que huelen como cuando mamá hacía repollo. Arrrff.

En el hotel de microhabitaciones individuales me ofrecen té verde japonés para pasar la bola. Me bebo tres vasos. Sin azucar. Ya me he acostumbrado y disfruto del ligero sabor a marisco que deja en los labios.

Todas las culturas del mundo deben su existencia a la imitación de aspectos fundamentales de otras culturas pero este hecho suele ocultarse. Esto cambia en Japón. Aquí el aprendizaje se consigue gracias a la emulación, emular la forma que es constante y al mismo tiempo hacer constancia sutilmente de una gran originalidad.Japón es la cultura de la copia mejorada.

Copiaron la Torre Eiffel (Torre de Tokyo) pero la añadieron 14 metros para que fuera la más alta del mundo, la pusieron al lado de un templo budista y construyeron en su base un centro comercial. Copiaron la Noria London Eye pero hicieron que la suya fuera también la más grande de mundo y que desde ella pudiera verse todo el skyline de Tokyo y  copiaron el Puente de San Francisco y lo mismo. ¿Complejo de pene pequeño? Si así fuera lo arreglaron con su copia de la Estatua de la Libertad, haciéndola pequeña y fotografiable y colocada en un lugar estratégico de Odaiba, la isla artificial con la que ganaron terreno al mar asentando el más fascinante complejo turístico y comercial en lo que fuera un antiguo vertedero.  Es lo que tiene ser una ciudad con 45 millones de habitantes y de mayor PIB mundial.  Eso sí, son muy bajitos y no tienen pelo.

En Occidente Nietzsche mató a Dios y desde entonces nos lo tenemos que inventar. Japón copió el budismo a China y a la India pero sólo para acontecimientos como el nacimiento y la muerte. Para pedir trabajo, novia o un coche eléctrico más rápido recurren a los cinco mil dioses del sintoismo y sus papeles de los deseos. Acabo de oir que lo último es casarse según la tradición cristiana. Dos religiones, tres estructuras rituales y un sólo pueblo. Aunque quisieran no sabrían a qué dios matar.

“Gambaru” (“trabajar duro; rendirse, jamás”). Lunes de mañana. Este saludo esta sustituyendo al afable “onichiwa” de los ancianos. Ordas de señores grises trajeados cruzan la acera. En unas horas (bastantes) dejarán el tajo, irán a tomar algo en los bares de Shijuku y puede que liguen. No se darán ni un beso en público porque está mal visto ni tampoco fumarán juntos porque está prohibido fumar por la calle. Ella se arreglará el pelo en el baño y hará pis en un water con la tapa calefactada a la temperatura ideal mientras se oyen sonidos de cascadas y jilgueros. Luego un chorro limpiará su mongólico coño y ella mientras tanto se mirará las uñas. Perfectas. Pasarán después dos horas en uno de los hoteles temáticos (esta vez tocó Imperio Romano) de la Colina de los Hoteles del Amor.  Después de follar cantarán algun tema de Bruce Springteen en el karaoke de la habitación. Al salir, de nuevo, ella le dirá lo “Gambaru” que trabajó. Se despiden con una inclinación y un arigato. Lunes noche.

Esa inclinación es el “aizuchi” con el que asienten a cualquier cosa, aunque no la comprendan. Como dos herreros que pegan martillazos intercalados mientras trabajan el hierro o dos personas que muelen juntas la torta de arroz tradicional para Año Nuevo. Aquí no hay uvas ni doce timbrazos sino sushi  de grasa de atún y 108 largos toques de campana tocados en grupos. Duran toda la noche mientras las hogueras están encendidas. Son los 108 defectos del ser humano.

El perfil bajo como actitud conciliatoria. Cubrirse la cara con la manga del kimono.

– Todos tienen negros los dientes, es por eso.

O la belleza de la risa bajo las telas. O estos seres que cuando te hablan miran hacia abajo y cuando entra alguien a un cuarto nunca se levantan. No quieren ponerse por encima del que llega.

Viejas encorvadas como una raiz de roble, lolitas tambaleantes de piernas torcidas. Es lo mismo.

Una mujer lleva una rama de ciruelo a su casa y la troncha. Es muy dura pero tiene las hojas tiernas. En el ikebana, el arte floral japonés, la mejor forma de decir lo importante es a través de los objetos. Una rama, tejer un gorro rojo para un  buda entre toda la fila de budas de gorro rojo, un adorno de biombo del Año del Tigre entre tantas copias del Año del Tigre… La mujer mira al marido con ojos de ciruelo.

“Yo las barría/ y al final no las barrí: / las hojas secas…”

Anuncios

Read Full Post »

Akemashite omedetoo gozaimasu

Esta carta con oraciones taoistas contiene mis deseos para 2010. Ahora descansan en una caja sagrada en Meiji jinju, el templo de Tokyo de Harajuku… Que el año que entra sea, al menos, tan bueno como el anterior. 

¡Salud desde el país donde el Sol nunca llega arriba del cielo!

Read Full Post »

Vuelvo a sentir las ganas de escrbir. Desde hace unos días ha vuelto la conexión de internet a mi casa, he decidido comprarme una cámara nueva y un buen amigo me ha prestado un HP. Pero esto no tiene demasiado que ver. Lo que me pasa es que ando de nuevo tranquila y con muchas ganas de tener tiempo. Me sucede este pequeño poema de José Emilio Pacheco:

Digamos que no tiene comienzo el mar
Empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes”.

Ha sido leerlo y querer volver a no ser una seta productiva, organizada y rutinaria. Volver a tener fuerzas para intentar crear mundos más allá del bosque de hongos en el que habito.

Mañana me voy a Japón. Es un viaje que siempre imaginé hacer cuando pasaran muchos años y mi vida estuviera plácidamente ordenada. Los años han pasado sí, pero los papeles siguen entremezclados y no me canso de urgar entre el desbarajuste. Y digo esto porque hoy se me han venido a la cabeza alugnos de los sitios que para mí han sido regresos y partidas. Rincones del mundo que fueron por un rato mi lugar en el mundo, que añadieron colores a mi mirar. Hoy quiero revolver entre esos rincones y acordarme de San Cristobal de las Casas . Recordar lo que escribí en Méjico hace ya más de dos años. Como dice Galeano, “recordaris” en su raíz significa volver a pasar por el corazón…

Érase una vez un pueblo llamado San Cristóbal de las Casas. No era muy grande y estaba rodeado de montañas, así que casi siempre pasaba desapercibido. A San Cristóbal le gustaba vestirse de muchos colores. “Yo cambio de humor a cada rato, así que lo justo es que a cada momento también cambie de color”, nos decía.
Es tarde de elecciones y San Cristóbal se levanta de la siesta. Un poco asustado, ve que tiene todo su Zócalo lleno de puestos de tacos y de mazorcas de elote asado. “¿De dónde salieron?”, murmulla aún bostezando. ¡Hay incluso algodón de azúcar y coches de choque alrededor de un escenario! “No sé”, le decimos, “¿hoy no tenías ninguna procesión en la agenda?”. Miro hacia tantos lados, hacia tantos, que casi piso a la hija de la vendedora de pulseras. Ella lo ha visto todo, nos explica que esta vez es Enoc, el candidato del Partido del Trabajo (PT) el que organiza la feria. Las elecciones son dentro de quince días. Así pues, habrá un mes de fiesta en San Cristóbal.  Miro hacia tantos lados, el bigote de Enoc, olor a incienso de la iglesia, las trompetas de la feria. San Cristóbal ve como toda su gente está bailoteando en el Zócalo. Los hombres tienen el pelo tan lleno de gomina que es difícil mirar sin hacer IMG_5262guiños.

“¿Toda tu gente?” En el otro extremo del Zócalo, el pueblo de colores comienza a cantar: “Para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta. Para nosotros nada.” Una vieja india porta la bandera de México llena de sangre. Algunos cientos de personas la siguen. Tiene los pies desnudos y el rostro cubierto por una mantilla. Los altavoces y las pancartas desgarran las arterias de la plaza. Estudiantes, faldas de colores y trenzas hasta la cintura. Sangra San Cristóbal, la punta de lanza de la guerrilla zapatista.
Uno de enero de 1994. En Chiapas, el Estado más pobre de México, el pueblo exige ser pueblo. “Techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, libertad. Éstas fueron nuestras demandas en la larga lucha de los 500 años. Éstas son hoy nuestras exigencias.”, sigue cantando San Cristóbal. Soñó una mañana el Subcomandante Marcos. Gobernadores y alcaldes fueron expulsados, el pueblo exige ser pueblo. Las mujeres se enfundaron los pasamontañas negros. Soñó el Subcomandante con Emiliano Zapata. El pueblo ahora redistribuye loIMG_5261s impuestos, el pueblo construye sus escuelas. Soñó el Estado Zapatista.
La muchedumbre del Zócalo se divide entre los que danzan en la orquesta del PT y los que siguen el llanto de la bandera sangrienta. Un punkie comparte risas con la señora que vende mazorcas de maíz. Aun así, San Cristóbal está tranquilo, recordemos que acaba de levantarse de la siesta. “El Gobierno espera que llegue un día en que la vieja tenga hambre, se canse de llevar banderas y se coma un taco de pollo en la feria.”, cuenta. “Quién sabe…”, nos dice. “Así llevan quince años…”
En estas charlas se nos pasa el día con San Cristóbal. Este pueblo se vuelve aún más bello de noche, ya casi me da vergüenza de tanto mirarlo. Él se da cuenta, sonríe y nos da un pan de yema a cada uno.
Oímos acordes de guitarra a cada esquina, “Hermanos, nosotros nacimos de la noche .En ella vivimos y moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más. Para todos aquellos que hoy lloran la noche. Para quienes se niega el día. Para todos la luz. Para todos todo” Y colorín colorado, San Cristóbal y su llanto no han terminado…


Read Full Post »

corazon graffitiPastila de canela, pollo y almendras en el Valle de las Rosas; lentejas y hospitalidad bereber; rico pescado y el mejor chocolate en Essauira; Marrakech y la plaza donde confluyen las vidas de los hombres; una casita del árbol en el valle del Dadés; conducir un Fiat Panda por pistas por donde cruzan los ríos del Atlas; dormir en una antigua kasba del oasís de Agtz; salvajes playas del Atlántico; amanecer en el Sáhara….

Pequeños trazos de Marruecos que, como el jabón negro del hammam, exfolian y limpian el corazón. Tenemos mucha piel muerta encima y es necesario frotar, sacudirse la suciedad y el cansancio. El alma tiene contracturas que se calman con el silencio y el abrazo sin prisa.

Me encontré con mucha gente en este viaje cuya mayor aspiración era ser feliz y estar con los suyos DE VERDAD.  Ah… Pero para eso hace falta renunciar a muchas cosas (o en la mayoría de los casos no haberlas tenido nunca). ¿Estamos dispuestos? Un viaje a un país exótico, un vestido comprado en Lavapiés o comprar tomates ecológicos no son más que la confirmación de que para que nuestro sistema funcione tiene que haber una pequeña parcela de “rebeldía” inocua que nos hace sentirnos únicos. Esa sensación de que estamos en una película y el resto del mundo son sólo actores-turistasimbéciles-gentesinnadaenlacabeza es la pieza maestra del mecanismo.

La gente se arregla todos los días el pelo, ¿por qué no el corazón?

Yo… casi siempre….no sé muy bien cómo hacerlo.


Read Full Post »

cementerio de besos

“Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros…”

Read Full Post »

Fragmentos de la East Side Gallery,

Muro de Berlín

Si existiera un centro en Europa, para mí sería este lugar. Veo cómo lo mejor y lo peor de nosotros mismos se transforma en pintura chillona y viejo cemento armado. Como decía Lars Von Trier: “Esto es Europa”. Esa soy yo. Ese eres tú. El que está al otro lado.

No te vayas, no te quiero ver.

Nos pasamos el tiempo construyendo muros e intentando derrumbarlos…    ¿podríamos dejar de hacerlo?

Read Full Post »

No suelo meter fotos personales… Pero la ocasión bien lo merece: un largo fin de semana en Cáceres con la mejor compañía posible. Montañas de Herves, “secretos” de cerdo, baretos y colacaos en el Picaporte, Monasterio del Yuste, pueblos abandonados, jamón ibérico, helados en Jarandilla, carnes desnudas en el Valle del Jerte y risas.

Más risas.

¿Cuál era esa canción de Manu Chao?

Nos llovió, nos llueve en el paraíso. Por el recuerdo, por el instante y por el sueño. Nos llueve en el paraíso, crecen plantas en el alma, mueren algunas, se oye a una avispa zumbar. ¿Será gato o gata?

Gracias, gracias, gracias…

Read Full Post »

Older Posts »