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Posts Tagged ‘damasco’

“RECORDAR: del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón.” E.Galeano

Noche en Damasco…

Son las siete. En Damasco anochece pronto. Es el momento de que saques el mechero y quemes esa guía tan “informativa” que parece tu tercer brazo, tu pequeño Gran Hermano. Quémala de hecho o de metáfora, pero quémala.

A la noche de Damasco hay que llegar sin prisas y con ganas de perderse. Disfrutar de las callejuelas que no llevan a ninguna parte, de los arcos repletos de banderines, de la luz ocre de las farolas, de los puestos de zumo de naranja.

Sin prisa y con toda la calma del mundo. Nadie te molestará. Los restaurantes están abarrotados hasta la medianoche, después es el momento de té, la danza y los narguiles. A los sirios les encanta bailar, tocar la pandereta, recitar sus cuentos sin edad. A los sirios les gusta contar, les gusta que les cuenten, les gusta charlar y también estar en silencio.

La noche está llena de bicicletas dormidas y de agua que gotea en las fuentes (con el vaso de metal apoyado en la piedra). Burbujea la fiesta en las casas. Esta ciudad es la de los cuentos de las Mil y una Noches. Esta sí. Nadie te molestará. En uno de los cuentos del libro, el sultán encarga a un mercader encontrar la historia más maravillosa jamás contada. Los esclavos salen a buscarla y finalmente uno la encuentra: está en Damasco, en la boca de un hombre que borbotea cuentos todas las noches. Se llama Abu Shadi y es el último de los grandes contadores de historias.

Salgo a buscarle.

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De pequenya me llamaban cuentista. De noche mi madre, antes de dormir, me leia siempre un cuento y cuando ella se cansaba de leer, me inventaba lo que ponia en las paginas de los libros. El libro que mas me gustaba era el de las Mil y Una Noches, habia tantas historias que nunca parecian acabarse. La ciudad de Damasco aparecia en muchas de ellas…

Me la imaginaba caotica, de colores, con el olor a cardamomo mezclandose con el del falafel recien hecho. Repleta de tunicas y turbantes, con gente paseando por las calles a cualquier hora, charlando en los quicios de las puertas. Y esa es Damasco: la ciudad de mis cuentos y un verdadero laberinto medieval. Nunca sabes a que callejon te conducira la estrecha calle por la que estas andando, si llegaras al patio de limoneros de una casa o a la imponente mezquita Omeya (la tercera mas sagrada del Islam) Caminando descalza por el patio de marmol de la Omeya un jeque de los Emiratos se me acerca. Do you want that I put the scarf on my hair? No, no! El jeque se sonroja, quiere que nos hagamos juntos una foto, le encantan mis pantalones anchos, dicen que son de Baghdad. Poco a poco se va sumando mas gente a la foto y acabamos diciendo “salam malekom” dos jeques, tres irakies, una turca, un frances y yo. En el patio sagrado los ninyos juegan al escondite, rodeando la tumba de Juan el Bautista.

Medieval, arabe hasta la medula, con gente de una tranquilidad y amabilidad asombrosa:esta es Damasco. Apenas hay extranjeros y los que hay vienen a trabajar o a aprender arabe. Es la idea perfecta de turismo… y ahora yo soy el bicho raro. Don’t you speak arabic? Nooooo….. Aqui casi nadie habla ingles y lo que funciona es el lenguaje de gestos, las sonrisas y decir muchos sukran (gracias) repetidas veces. Aunque los sirios te miran muy curiosos siento que se me respeta mucho. Quizas porque soy una mujer occidental: las sirias se me acercan muy cordiales, tocando mi pelo rizado y a los sirios les encanta que sea espanyola, del Al-Andalus, como ellos dicen.

En un par de dias parto hacia Libano, mientras tanto sigo vagando por las calles de la ciudad de mis cuentos.

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A un lado Europa, a otro Asıa… en el centro Estambul.

Aterrızo de nuevo en esta cıudad que no dejara nunca de sorprenderme. Una de las mas bellas, de mas hıstorıa, la capıtal mundıal de la cocına en 2008, la mas, la mas.. Bızancıo, Constantınopla, Istambul… Sı los nombres son evocadores la cıudad lo es mas. La mas. Sın duda la mas onırıca de las cıudades que haya vısıtado en mı vıda. Y vuelvo de noche, con mı mochıla a cuestas, sın reservar alojamıento y con un tren que coger muy temprano que no se sıquıera sı es una leyenda urbana. Da ıgual. No hay sıtıo en nıngun hostel del centro. Da ıgual. Tres de los hosteleros me ofrecen su despacho para que duerma. En el cuarto accedo. Pero el hostelero se da cuenta de que en su despacho el calor es axfısıante ası que me deja toda la terraza para que ‘duerma’. Espero poder colgar muy pronto las fotos de mı ‘habıtacıon’: a la ızquıerda veo Santa Sofia, a la derecha la Mezquıta Azul y el Cuerno de Oro de frente… He dormıdo cuatro horas, entre llamadas al rezo a las cınco de la manyana, europeos de fıesta, mosquıtos asesınos y gatos que se empenyan en hurgar en mı bolso. Me da ıgual. En la cıudad del pırata todo es posıble. Y si, lo del tren a Sırıa era una leyenda urbana, me he levantado a las seıs de la manyana y nı tren nı nada parecıdo. Ası que me toca ırme en bus hasta Damasco: unas 30 horas. Me da ıgual? Confıeso que odıo los autobuses…

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