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Otra recomendación teatral. Hasta el 2 de Agosto en el Teatro Español, el viajante de Arthur Miller “morirá” una y otra vez de la mano de Mario Gas. Teatro del bueno, de ese que entretiene, emociona, hace pensar, respeta el texto sin renunciar a su mirada personalísima.

Una carretera perdida atraviesa el hogar de los Loman. Un hombre aparece de ondo, es Willy Loman (el enorme Jordi Boixaderas), un viejo vendedor ambulante que tras cuarenta años de trabajo ha sido despedido. Como vendedor, Willy no fabricaba nada, los frutos de su trabajo eran sus sueños y esperanzas… Se ha convertido en la imagen arquetípica de la inseguridad y de la capacidad humana del autoengaño, como dice el propio Boixaderas, “de alguna manera todos conocemos a Willy Loman” .

Volvemos a ver a Willy,el perdedor nato, caminando como siempre por la carretera equivocada…  Pero siempre seguirá empeñado en conquistar territorios, en encontrar tesoros “en la arena de la selva” con sus dos maletas a cuestas.

Fragmentos de la entrevista concedida por Mario Gas para Teatros…

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Ahora que está a punto de finalizar la temporada teatral en Madrid, hago mi personal entrega de premios y me quedo con estos diez montajes:

“Retablo de avaricia, lujuria y muerte”, en el Teatro Valle-Inclán. Por la calidad de las tres propuestas en todos los sentidos. Por enseñar en hora y media la infinitud del lenguajes del teatro. Por lo gamberro.

“Hamlet”, dirigido por Tomaz Pandur. Por los inconmensurables Blanca Portillo y Asier Etxeandía, porque crear una pequeña y loca Dinamarca en las Naves del Español, por el memorable cabaret del intermedio.

“Sweneey Todd”, también del Español. Dirigida por Mario Gas. El mejor musical que he visto (con mucho) en toda mi vida.  Por demostrar lo mucho que puede dar de sí este género, por la genial Vicky Peña.

“Auto de Reyes Magos” en el Teatro La Abadía. Dirigida por Ana Zamora, la mejor directora de teatro medieval que tenemos en España. En una hora hizo brotar poesía, rito y misticismo…

-“Mejorcita de lo mío”, en la Sala Triángulo. Porque sí.

– “Cómeme el coco, Negro” en el Teatro Compac Gran Vía.  El clásico de la compañía La Cubana donde todo es posible…

– Ron Lalá con su “Mundo y Final” en el Alfíl. Humor y música de la buena.

“Un Dios Salvaje“, en el Teatro Alcázar. Demostró que es posible hacer teatro comercial de calidad. Un lujo encontrar juntas en escena a dos monstruas como Guillén Cuervo y Verdú.

“La vida es sueño” dirigida por Pérez de la Fuente. El “hasta luego” del Teatro Albéniz…

– ¡Y todo Yllana… ! ¿Por qué?Porque Yllana es humor. Sin palabras y del bueno. Desde 1991, la Compañía demuestra cómo hacer el humor sin abrir la boca: su idioma escapa del cuerpo con una energía desenfrenada, un estilo directo que combina ingenio y riesgo con todo tipo de golpes, saltos, gritos, mimo y música, siempre eléctrica. Callados pero siempre ruidosos, Yllana acelera el lenguaje de la onomatopeya creando un mundo surrealista y delirante donde todo puede ocurrir.

Desde se formación, Producciones Yllana han producido espectáculos que  se han presentado en más de 1.500 ocasiones en 29 países distintos y han pasado por la compañía  cómicos geniales como Leo Bassi.

Os dejo con algunos videos en el que su peculiar estilo de pantomima blanca puede “vislumbrarse” un poco. Este verano tomen Yllana, saldrán mejores y más felices. ¿Dónde? En el Teatro Alfil. Está en la calle Pez, muy cerca del  Palentino… (más…)

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Se conocieron

“Se conocieron en un pueblecito de Ávila, el mismo de sus cuatro padres y sus ocho abuelos. Jugaron juntos en la infancia con pájaros y piedras y palos, pasaron su adolescencia juntos bailando año tras año en cada fiesta con orquesta hasta que al fin, con 18 otoños (ella) y 19 inviernos (él), en el blando viento de un prado aledaño, se dieron su primer beso. Al poco se casaron, en la misma Iglesia de sus cuatro padres y sus ocho abuelos, la única del mismo pueblecito de Ávila. En su casa de adobe criaron juntos ovejas y pavos y vacas y burros y arrugas y nada más: ella no podía tener hijos. O él. Nunca lo supieron.

Al cumplir los 74 (ella) y los 75 (él) les tocó un pellizquito en la Lotería Nacional, cosa de ná: el premio gordo de una participación que les regaló el Alcalde. Apenas un par de miles de euros. Entonces decidieron salir del pueblo por primera vez en su vida. Tras 74 años (ella) y 75 (él). Querían ver juntos la capital.

Les recogí en la Estación Sur de Autobuses. Me contaron su historia agarrados de la mano, bien juntos, como asustados. Miraban el tráfico, los ruidos de cláxon, las prisas, las corbatas, los iPods y el monóxido de carbono de Madrid como quien se topa con su primer cadáver.

Se alojarían en un Hostal del centro, por menos tiempo del que habían previsto:

– Yo me quiero volver al pueblo, Eulalia – dijo él.

– No te apures, que ya anochece – dijo ella.

Y yo no pude ni supe decir nada durante el resto del trayecto”.

Ni libre ni ocupado

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