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Posts Tagged ‘mejico’

Vuelvo a sentir las ganas de escrbir. Desde hace unos días ha vuelto la conexión de internet a mi casa, he decidido comprarme una cámara nueva y un buen amigo me ha prestado un HP. Pero esto no tiene demasiado que ver. Lo que me pasa es que ando de nuevo tranquila y con muchas ganas de tener tiempo. Me sucede este pequeño poema de José Emilio Pacheco:

Digamos que no tiene comienzo el mar
Empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes”.

Ha sido leerlo y querer volver a no ser una seta productiva, organizada y rutinaria. Volver a tener fuerzas para intentar crear mundos más allá del bosque de hongos en el que habito.

Mañana me voy a Japón. Es un viaje que siempre imaginé hacer cuando pasaran muchos años y mi vida estuviera plácidamente ordenada. Los años han pasado sí, pero los papeles siguen entremezclados y no me canso de urgar entre el desbarajuste. Y digo esto porque hoy se me han venido a la cabeza alugnos de los sitios que para mí han sido regresos y partidas. Rincones del mundo que fueron por un rato mi lugar en el mundo, que añadieron colores a mi mirar. Hoy quiero revolver entre esos rincones y acordarme de San Cristobal de las Casas . Recordar lo que escribí en Méjico hace ya más de dos años. Como dice Galeano, “recordaris” en su raíz significa volver a pasar por el corazón…

Érase una vez un pueblo llamado San Cristóbal de las Casas. No era muy grande y estaba rodeado de montañas, así que casi siempre pasaba desapercibido. A San Cristóbal le gustaba vestirse de muchos colores. “Yo cambio de humor a cada rato, así que lo justo es que a cada momento también cambie de color”, nos decía.
Es tarde de elecciones y San Cristóbal se levanta de la siesta. Un poco asustado, ve que tiene todo su Zócalo lleno de puestos de tacos y de mazorcas de elote asado. “¿De dónde salieron?”, murmulla aún bostezando. ¡Hay incluso algodón de azúcar y coches de choque alrededor de un escenario! “No sé”, le decimos, “¿hoy no tenías ninguna procesión en la agenda?”. Miro hacia tantos lados, hacia tantos, que casi piso a la hija de la vendedora de pulseras. Ella lo ha visto todo, nos explica que esta vez es Enoc, el candidato del Partido del Trabajo (PT) el que organiza la feria. Las elecciones son dentro de quince días. Así pues, habrá un mes de fiesta en San Cristóbal.  Miro hacia tantos lados, el bigote de Enoc, olor a incienso de la iglesia, las trompetas de la feria. San Cristóbal ve como toda su gente está bailoteando en el Zócalo. Los hombres tienen el pelo tan lleno de gomina que es difícil mirar sin hacer IMG_5262guiños.

“¿Toda tu gente?” En el otro extremo del Zócalo, el pueblo de colores comienza a cantar: “Para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta. Para nosotros nada.” Una vieja india porta la bandera de México llena de sangre. Algunos cientos de personas la siguen. Tiene los pies desnudos y el rostro cubierto por una mantilla. Los altavoces y las pancartas desgarran las arterias de la plaza. Estudiantes, faldas de colores y trenzas hasta la cintura. Sangra San Cristóbal, la punta de lanza de la guerrilla zapatista.
Uno de enero de 1994. En Chiapas, el Estado más pobre de México, el pueblo exige ser pueblo. “Techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, libertad. Éstas fueron nuestras demandas en la larga lucha de los 500 años. Éstas son hoy nuestras exigencias.”, sigue cantando San Cristóbal. Soñó una mañana el Subcomandante Marcos. Gobernadores y alcaldes fueron expulsados, el pueblo exige ser pueblo. Las mujeres se enfundaron los pasamontañas negros. Soñó el Subcomandante con Emiliano Zapata. El pueblo ahora redistribuye loIMG_5261s impuestos, el pueblo construye sus escuelas. Soñó el Estado Zapatista.
La muchedumbre del Zócalo se divide entre los que danzan en la orquesta del PT y los que siguen el llanto de la bandera sangrienta. Un punkie comparte risas con la señora que vende mazorcas de maíz. Aun así, San Cristóbal está tranquilo, recordemos que acaba de levantarse de la siesta. “El Gobierno espera que llegue un día en que la vieja tenga hambre, se canse de llevar banderas y se coma un taco de pollo en la feria.”, cuenta. “Quién sabe…”, nos dice. “Así llevan quince años…”
En estas charlas se nos pasa el día con San Cristóbal. Este pueblo se vuelve aún más bello de noche, ya casi me da vergüenza de tanto mirarlo. Él se da cuenta, sonríe y nos da un pan de yema a cada uno.
Oímos acordes de guitarra a cada esquina, “Hermanos, nosotros nacimos de la noche .En ella vivimos y moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más. Para todos aquellos que hoy lloran la noche. Para quienes se niega el día. Para todos la luz. Para todos todo” Y colorín colorado, San Cristóbal y su llanto no han terminado…


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