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Posts Tagged ‘oriente medio’

“RECORDAR: del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón.” E.Galeano

Noche en Damasco…

Son las siete. En Damasco anochece pronto. Es el momento de que saques el mechero y quemes esa guía tan “informativa” que parece tu tercer brazo, tu pequeño Gran Hermano. Quémala de hecho o de metáfora, pero quémala.

A la noche de Damasco hay que llegar sin prisas y con ganas de perderse. Disfrutar de las callejuelas que no llevan a ninguna parte, de los arcos repletos de banderines, de la luz ocre de las farolas, de los puestos de zumo de naranja.

Sin prisa y con toda la calma del mundo. Nadie te molestará. Los restaurantes están abarrotados hasta la medianoche, después es el momento de té, la danza y los narguiles. A los sirios les encanta bailar, tocar la pandereta, recitar sus cuentos sin edad. A los sirios les gusta contar, les gusta que les cuenten, les gusta charlar y también estar en silencio.

La noche está llena de bicicletas dormidas y de agua que gotea en las fuentes (con el vaso de metal apoyado en la piedra). Burbujea la fiesta en las casas. Esta ciudad es la de los cuentos de las Mil y una Noches. Esta sí. Nadie te molestará. En uno de los cuentos del libro, el sultán encarga a un mercader encontrar la historia más maravillosa jamás contada. Los esclavos salen a buscarla y finalmente uno la encuentra: está en Damasco, en la boca de un hombre que borbotea cuentos todas las noches. Se llama Abu Shadi y es el último de los grandes contadores de historias.

Salgo a buscarle.

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Perdí el pasaporte hace una semana en Líbano, creo que en el autobús de camino a Beirut. (muy típico de Pili, lo sé, ahorraos el comentario por favor). Me di cuenta de ello el día que nos volvíamos a Siria, sábado. El cónsul me dijo por teléfono que esperase hasta el lunes y que hiciese la denuncia en la policía. La policía dijo que esperase hasta el lunes para ir a la central donde hacen ese tipo de denuncias a los extranjeros. El lunes fui a la policía a las 9 de la mañana. Entré en un edificio con un turno de papel rosa en la mano. Me mandaron al primer piso, donde me hicieron una pre-denuncia y me ordenaron comprar unos sellos oficiales en la planta baja. Desde allí a la tercera para que firmase la declaración el General Pierre Francis (al cual no llegué a ver). Luego tuve que ir al registro para que quedase constancia de la denuncia. El último paso era ir al edificio de la Seguridad General (equivalente de la CIA, me dijeron…), para que me lo sellasen.

En la manzana de al lado estaba la Seguridad General. Turno para entrar. Subí a la tercera planta donde me atendió un militar medio apático. Me preguntó que cuando quería abandonar el país; al decirle “hoy” me miró con cara de circunstancias y me mandó a la primera planta, a la habitación de seguridad (“Gorfat-al-amin”). Allí había varias mesas con militares que me mandaron al cuarto de al lado, donde una mujer, aparentemente importante y asqueada de atender a extraviados, me miró de forma condescendiente y me firmó un papel, devolviéndome a la sala anterior. Allí tuve que pagar 60.000 libras libanesas (como 40 euros). No tenía dinero y se me escaparon un par de lágrimas de frustración (no sabía lo que me quedaba…). Salí a pedirle a Miriam –que esperaba fuera pacientemente– el dinero que me faltaba. Entré. Pagué. Me sellaron otro papel, (ya tenía un expediente digno de dicho nombre, con muchos sellos y firmas). Me dijeron que tenía que ir a la policía para que me hiciesen una declaración del robo o pérdida.

La policía también estaba cerca en un edificio un poco pintoresco. Llegué a la puerta de los bajos de un puente bajo una avenida ancha donde me esperaba uno de los militares que me había atendido antes. Bajamos al sótano donde había mucha gente esposada, poca luz, y militares a punta pala. Allí pasé dos horas más. Dos horas contando cómo pensaba que había perdido mi preciado pasaporte. 2 horas esperando confirmación de la frontera que confirmase cuando había entrado en Líbano. 2 horas escuchando como llamaban al ya familiar General Pierre Francis. Esperando. Mirando el reloj con la esperanza de terminar a tiempo para ir a la Embajada para hacerme el pasaporte nuevo.

Por fin consigo la declaración firmada y voy a la Embajada. El pasaporte me lo hacen en menos de 30 minutos, aunque habíamos llegado poco antes de que cerrasen. Claro que al darme el pasaporte me dicen que no me puedo del país ir sin que la Seguridad General me selle el pasaporte con un permiso de salida y que la Seguridad General ya está cerrada, (son las 3 de la tarde). Pregunto si lo puedo intentar en la frontera y me dicen que bueno, que pruebe.

Cogemos un minibús a la frontera. En la frontera no hay tu-tía. Que me vuelva a Beirut. Casi intentamos sobornar al militar de turno, pero no hubo coraje, ni ganas de pagar, ni ganas de meternos en un lío ni de romper los principios de honradez.

Volvemos a Beirut (2 horas de viaje), a casa de los pobres Natalia y Karim, que nos llevan acogiendo todo ese tiempo. La pobre Miri decide no odiarme y en lugar de eso odiar al país.

Para resumir el final, me pasé la siguiente mañana desde las 9 hasta las 2 en la famosa Seguridad General, (donde me pedían mas dinero, pero al final me lo dejaron gratis, “alhamdullillah!”). Por fin llegamos a la frontera, donde tuve que pagar por un visado nuevo. Y salimos de Líbano, con una sensación de alivio y de amor absoluto por Siria, tierra tranquila que nos volvía a abrir sus puertas.

La burocracia es tremenda en todos sitios, pero si encima es en árabe, en tres edificios, tarda un día y medio de plena dedicación y tienes muchas ganas de irte…es peor que tremenda.

Así que nada, sólo quería compartir un poco de mis desgracias por estas tierras.

Un beso

Pili

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He llegado a Jordania. En un solo dia he cruzado Libano y Siria en taxi compartido y he pisado Amman, la capital de este pais en el desierto. Todo esto sin cambiar de sandalia y sin un misero calcetin. Asi me fue: llego al pais de los beduinos y ya tengo los pies mas negros que ellos. A eso se le llama adaptacion.

Amman es una ciudad insulsa en la que intentan estafarnos de inmediato. Ibamos a dormir en el antro propiedad de un ser que parecia un raton. Yo contentisimo. Pero al final, a las diez de la noche, nos marchamos a Aqaba, en las orillas del mar Rojo. Esta ciudad es una verdadera “agora” griega, para lo bueno y para lo malo. Desde su playa puedes ver la costa de Israel y tambien la de Egipto. Y es que esa es Jordania: un puente entre los judios y la cultura arabe. Hace ya unos anyos que firmo la paz con Israel y (casualidad) los Estados Unidos inmediatamente suprimieron el bloqueo economico y (casualidad) el pais se desarrollo milagrosamente. Aunque gran parte de la poblacion son refugiados palestinos ahora el dinar jordano cuesta lo mismo que un euro. Paradoja del viajero: deseas de verdad que el pais visitado se desarrolle o solo de boquilla para que dormir te cueste una miseria?

Un dedo pequenyo no entiende de paradojas, sino de chancletas y de laca de unyas (es que Miri es una chica…) Tras cuarenta horas sin ducharme, finalmente recupero mi tono blanco veraniego original y nos vamos al mar Rojo a hacer submarinismo. Este lugar es un verdadero paraiso de peces y de coral… Fantastico. Pero como todo en este viaje, el asunto siempre tiene que ir siempre un paso mas alla. De repente nuestro dive master nos mete en un barco hundido hace cien anyos, a traves de pequenyos orificios llenos de peces, oxido y coral… Llegamos a la bodega del barco. Estamos a 20 metros bajo el agua y Morad nos indica (que no dice, porque se muere) que subamos… A donde? Hay una bolsa de aire en medio del barco… Respiramos aire de hace un siglo!! No se si sera bueno, pero la adrenalina me dura todavia.

Ya es hora de desvelar el asunto de este post, el porque de mi protagonismo. Esa noche dormimos en el desierto de Wadi Rum, bajo una cantidad de estrellas que desconocia que existieran, tomando arak con un beduino, encima de una roca de cuento, los tres solos bajo las mantas. El arak es la bebida tipica de Jordania… a mi me sabe igual que el Anis del Mono. De nuevo estoy sucio y lleno de arena. Al dia siguiente, circuito por las dunas… Y ME ROMPO. Si, me rompo. Llevo roto o astillado o algo que produce mucho dolor dos dias. Y claro, como soy el dedo pequenyo nadie me hace caso. Ni escayola, ni vendita, ni nada: me han envuelto en un triste esparadrapo de color indescriptible que solo sirve para encubrir mi doloroso color morado.

Pero lo peor esta por llegar, hoy me he pasado todo el dia sorteando piedras y conchitas en las ruinas de Petra. Miriam esta encantada de la vida, claro, ella es un ser complejo y con los repelentes y famosos sentidos (sobrevalorados), pues le basta. Que si el color rojizo de las ruinas al atardecer, que si el delicioso olor a caca de camello, que si el sonido de las herraduras de los burros subiendo las escaleras hacia el monasterio… Es una desagradecida, no me hace ni caso. Tanta Jordania le hace olvidar a los que estan cerca, a los que caminan con ella.

Igual me separo de esta loca asceta insensible.

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Hemos tardado mas de cuatro dias en salir de Beirut. Pili perdio el pasaporte. Yo casi pierdo la paciencia. La burocracia en este pais es digna de un cuento de Kafka. Lamentablemente, no he podido acceder a los edificios oficiales por cuestiones de seguridad. En su lugar vivi la  otra cara de la moneda: tres dias en las salas de espera de los edificios de la policia secreta haciendo amigos militares. Toda una experiencia. Aqui la poblacion esta dividida tanto por politica como por religion; he podido hablar con un militar cristiano que perdio a su hermana pequenya en manos de un militar sirio, con un grupo de jovenes libaneses que afirmaban en voz baja que todo el ejercito en Libano es de Hezbollah y con un coronel que no paraba de hablar de mis pantalones anchos (de nuevo) y del Real Madrid.  Conversaciones alinyadas con zumo de naranja y magdalenas, que los militares me ofrecian encantados. Un batiburrillo de esperanzas, miedos y hormonas… Esta ha sido mi experiencia, Pili contara pronto la suya…

Mientras tanto os dejo con la primera de las cronicas de Pili y con un video de Marcel Khalife, libanes muy comprometido con la causa palestina y un musico excelente.

Llevo 2 meses aqui. En Oriente Medio, en Oriente Proximo, en el Mundo Arabe, en el Levante del Mediterraneo, en la Cuna de la Civilizacion, en Mesopotamia, en el antiguo Imperio Otomano, en Territorio Fenicio, en tierra de Cruzadas (antiguas y modernas), en Zona Terrorista, Tierra en Conflicto. Aqui. Hoy estoy en Beirut, que como decimos todos los turistas llevandonos las manos a la cabeza a la vez, impresiona por el contraste, (es la palabra clave, palabra fetiche, cliche,pero cuando el rio suena…) Los restaurantes de disegno y las discotecas mas sofisticadas dan a la mezquita de Hariri, (por el exPresidente asesinado en el 2005 y que ha cambiado radicalmente la politica del pais); su tumba-monumento al lado, junto a la Plaza de los Martires (los de la guerra civil); en frente el mar; no lejos esta la linea verde, que dividia a los bandos de la guerra y alrededor muchas gruas, mil edificios ametrallados y con heridas de granada y en medio de las ruinas, los rascacielos de arquitectura hipermoderna. No muy lejos estan los barrios de Hizballah y a los alrededores se nota mas aun. Las banderas amarillas del partido politico / grupo terrorista bordean las calles de muchos pueblos, incluso estan a la entrada de las imponentes ruinas de Baalbeck. Manyana sera otro dia…

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Una persona muy especial me dijo hace algun tiempo que si tuviera que definir al periodista lo haria como un ser errante, que viaja buscando la noticia, queriendo siempre estar donde las cosas ESTAN ocurriendo.  Alguien que se despierta a las cuatro de la manyana porque de repente tiene claro cual va a ser el titular de su cronica o el hilo conductor de sus declaraciones. El periodista polaco Kapuscinski es un buen ejemplo de ese informador que pone toda la carne en el asador (nunca mejor dicho), que desea ir a los lugares donde ni el taxista mas ambicioso iria, esos sitios que como el Libano despiertan nerviosismo con solo nombrarlos.

Esta afirmacion me ha dado miedo durante anyos. Supone asumir que el resto de redactores son “secretarios”, escribas, esas personas que desde su despacho esperan la llamada pertinente para realizar su entrevista, con un cafe y aire acondicionado por bandera. Esa soy yo.  Trabajo en una revista especializada con un puesto creativo, se valora mi trabajo y me han ascendido en tan solo cuatro meses. Mi nomina dice que soy redactora.

Llegamos al tristemente famoso Libano. En Beirut nos espera Natalia, una amiga de Pili especializada en estudios de Oriente Medio.  Toda su infancia vivio en  Argelia y se ha pasado media vida viajando. Es periodista.  Ella si.  Hace un anyo que vive en Beirut con Karim, su marido.  El es libanes y ha estudiado filosofia. Ella es espanyola y estudio periodismo. Casualidad?

Su casa es como la de cualquier pareja joven: muchas paredes todavia sin cuadros, una cama cuanto mas grande mejor y mucho olor a incienso. Con la diferencia de que todo su edificio esta “decorado” por las balas y las granadas de la guerra que este pais vive desde siempre. El ultimo impacto de su fachada es de apenas tres meses.

Un lugar donde (por sistema) la luz se corta cada dia tres horas, el agua corre cada tres dias, en cada esquina hay un tanque de vigilancia y tienes la marca de una bala atravesando tu televisor de plasma. Un lugar donde uno no puede andarse con medias verdades.  Se es informador o no. La noticia a cubrir no es la ultima obra de Nancho Novo, sino la situacion de los refugiados irakies. Ya no es esperar a que te pasen la nomina a final de mes, sino chantajear al taxista para que te lleve a los barrios donde hermanos palestinos se cosen a balazos.

Beirut es muchas mas cosas. Pero para mi sobre todo ha supuesto una bofetada con la realidad. Y no soy periodista. Y tras Beirut el miedo se ha convertido en vertigo. Porque si algun dia hago una verdadera cronica tendra que ser esto.

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Nos vamos al sur de Siria en un pequenyo Clio blanco. Ya nos han puesto dos multas, pero hacemos por no entender (Pilar y Vivian hablan arabe, pero ojos que no ven…) La mayor parte de los carteles estan solo en arabe, asi que, tras rodear dos horas Damasco decidimos que lo de ir por las “autenticas” carreteras secundarias es para personas con mayor capacidad espacial: iremos por la unica autopista del pais.

Bosra es una pequenya ciudad en medio del semidesierto oriental que no tendria nada de especial si no fuera porque se encuentra construida encima de una ciudad romana esplendida, Bosrus, la capital romana de arabia. Con el teatro romano mejor conservado que haya visto nunca, la visita ya mereceria la pena. Pero es que ademas los habitantes de la nueva Bosra viven entre las ruinas. Usan los capiteles romanos para apoyar su relucientes motos, sus ninyos juegan al escondite entre estatuas de Jupiter y la calzada romana es el lugar donde pasear por las tardes. Aqui no tiene nada de especial. Una familia de palestinos nos invitan a su casa, “que os parece que de repente haya turistas en su pueblo? Nam, nam“, (si), les parece muy bien. Aunque no entienden muy bien por que esos rubitos de pantalones cortos se quedan mirando la columna del patio del vecino. Siempre estuvo ahi… Y por que preguntan por esas monedas tan sucias y viejas con las que los ninyos juegan a los mercados? Estuvieron ahi desde siempre. La matriarca de la familia nos invita a chay (te) y esta encantada de que le haga una foto. Levanta la mano orgullosa, quiere que quede bien claro que saluda al modo palestino. (Victoria o muerte)

Nuestra idea de lo antiguo tiene algo de perverso, la idea de aislar las ruinas y desnaturalizarlas. Estuvieron ahi desde siempre, para jugar, charlar y construir casas con ellas. Por que nos empenyamos en meterlas en urnas de cristal? El te con cardamomo esta buenisimo, toda la familia esta muy contenta porque el padre acaba de llegar de Jordania, de visitar a viejos companyeros de lucha. La mujer sonrie a su hombre, tienen mas de cincuenta anyos pero hace tan solo cinco que pudieron casarse. La guerra y la familia no hablan el mismo idioma.

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De pequenya me llamaban cuentista. De noche mi madre, antes de dormir, me leia siempre un cuento y cuando ella se cansaba de leer, me inventaba lo que ponia en las paginas de los libros. El libro que mas me gustaba era el de las Mil y Una Noches, habia tantas historias que nunca parecian acabarse. La ciudad de Damasco aparecia en muchas de ellas…

Me la imaginaba caotica, de colores, con el olor a cardamomo mezclandose con el del falafel recien hecho. Repleta de tunicas y turbantes, con gente paseando por las calles a cualquier hora, charlando en los quicios de las puertas. Y esa es Damasco: la ciudad de mis cuentos y un verdadero laberinto medieval. Nunca sabes a que callejon te conducira la estrecha calle por la que estas andando, si llegaras al patio de limoneros de una casa o a la imponente mezquita Omeya (la tercera mas sagrada del Islam) Caminando descalza por el patio de marmol de la Omeya un jeque de los Emiratos se me acerca. Do you want that I put the scarf on my hair? No, no! El jeque se sonroja, quiere que nos hagamos juntos una foto, le encantan mis pantalones anchos, dicen que son de Baghdad. Poco a poco se va sumando mas gente a la foto y acabamos diciendo “salam malekom” dos jeques, tres irakies, una turca, un frances y yo. En el patio sagrado los ninyos juegan al escondite, rodeando la tumba de Juan el Bautista.

Medieval, arabe hasta la medula, con gente de una tranquilidad y amabilidad asombrosa:esta es Damasco. Apenas hay extranjeros y los que hay vienen a trabajar o a aprender arabe. Es la idea perfecta de turismo… y ahora yo soy el bicho raro. Don’t you speak arabic? Nooooo….. Aqui casi nadie habla ingles y lo que funciona es el lenguaje de gestos, las sonrisas y decir muchos sukran (gracias) repetidas veces. Aunque los sirios te miran muy curiosos siento que se me respeta mucho. Quizas porque soy una mujer occidental: las sirias se me acercan muy cordiales, tocando mi pelo rizado y a los sirios les encanta que sea espanyola, del Al-Andalus, como ellos dicen.

En un par de dias parto hacia Libano, mientras tanto sigo vagando por las calles de la ciudad de mis cuentos.

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