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Reflexiona el director Krystian Lupa que, “si debajo del árbol seco de Godot se aguarda algo indefinido, en “Fin de Partida”, que tiene lugar en un especio muy cerrado, se espera algo muy concreto: el fin. ¿Y qué ambiente se respira en la antesala del final?”.

Un viejo cobertizo cerca del mar. Hamm (José Luis Gómez) está enraizado en una silla de ruedas, es ciego, no puede levantarse y sobrevive gracias dar órdenes al otro personaje que necesita para que le dé la réplica. Es Clov (Susi Sánchez), el criado, la pareja, el hijo, el otro en definitiva. Él (o ella) no puede sentarse, no puede dejar de acatar las órdenes del Hamm y a veces se marcha corriendo a su cocina porque hay “mucho que hacer”. Huye por un rato tan sólo. Ambos quieren dejarse desde siempre y por eso no se dejan. Huye hasta que Hamm sopla su silbato. El día en que ella (o él) no acuda a la llamada significará que estará muerta en su cocina o se habrá ido a través del mar. El mar ruge en el cobertizo a veces, Clov abre y cierra las ventanas o mira por el catalejo o se pone sus zapatos de tacón verdes. Pero ¿qué ocurre cuando  el mar no brama aunque dejen la ventana abierta? Los padres de Hamm, Negg y Nell (Ramón Pons y Lola Cordón) protestan, se quieren, tienen hambre o se repiten lo dicho tantas veces desde sendos cubos que son casi sarcófagos y de los que no pueden salir…

Fin de Partida data de 1957 y es ocho años posterior a “Esperando a Godot”. Ambas obras, junto con “Días felices” son consideradas por muchos como el núcleo fundamental y sobre el que se construye todo el teatro del irlandés Samuel Beckett.  Con este montaje el Teatro la Abadía cierra la programación especial de su 15 aniversario en estrecho diálogo con “El arte de la comedia”.

Si la obra de De Filippo es todo un manifiesto de juegos de apariencia y exterioridad, “Fin de Partida” es una discurso interior sobre la vida, las relaciones personales y el dolor. Este diálogo desde el silencio se da en los personajes pero también se produce de forma interna en el espectador. La profundidad no se consigue a través de una poetización del texto, sino en los espacios que quedan “entre palabras”. Escenográficamente ese no-decir se refleja también en el no-lugar que es el espacio indefinido del cobertizo, tan sólo a veces iluminado por un brillante halo de color rojo. “Como si de alguna manera se pudiera contar el sufrimiento…”, dice Lupa.

El Director: Krystian Lupa.

Premio Europa para El Teatro 2009, el director y escenógrafo polaco Krystian Lupa es una figura clave del teatro europeo contemporáneo. Además de ocuparse de la puesta en escena, suele traducir o adaptar los textos, diseñar el espacio y en ocasiones intervenir como narrador. Esto hace que consiga crear un mundo de gran coherencia interna y sumamente sugerente. “La habitación transparente”, “Los locos y la monja” o “La ciudad del sueño” son algunos de sus montajes fundamentales. Definidos por el director como “Teatro de la Revelación”, Lupa entiende el teatro como una vía de conocimiento y de superación de los límites de la personalidad humana.

Algunos fragmentos de la entrevista a José Luis Gómez:

–        ¿Por qué eligió este montaje para cerrar la temporada teatral de La Abadía?

Queríamos crear dos polaridades a partir de “El arte de la comedia” y de “Fin de Partida”. En el primero aparece lo que está manifiesto, lo que se ve y en el texto de Beckett aparece lo profundo, lo que está sin decirse. “Fin de partida” es un auto sacramental, laico y nihilista que entra en controversia y disputa con la visión del cristianismo. Es una obra esencial que no se entiende si los cambios profundos del siglo XX, sobre todo producido por las dos grandes guerras. Beckett escribe este texto bajo el impacto tremendo de la Segunda Guerra Mundial y sintiendo los cambios profundos que se han dado en el mundo.  Se pregunta, ¿dónde está el mal?, ¿cuál es la génesis del sufrimiento?

–        El binomio de personajes Hamm/Clov parece representar una serie riquísima de relaciones personales y de poder…

–        Sí. Se superponen en estos dos personajes muchas proyecciones imaginarios. Además del binomio amo-siervo, que se ve y que se encuentra en el texto, la pareja refleja las relaciones padre-hijo u hombre-mujer. Le di justamente la idea a Lupa de que  Clov debería hacerlo una mujer, Susi Sánchez para que las posibilidades interpretativas de estos dos personajes pudieran enriquecerse aún más.

–        El mar tiene una papel fundamental en esta función, ¿qué representa para usted?

–        El mar es un elemento por el que uno puede ser destruido pero a la vez es esencial para la vida humana. En el mar uno puede huir, uno puede escapar y cuando el mar muere, muere todo. Es un elemento simbólico de la vida de la tierra. Pero también el mar está lleno de nostalgia, de amenazas, de plenitudes. Es el elemento de los grandes viajes y también de las grandes huidas. En definitiva, el mar separa y une…

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