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“RECORDAR: del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón.” E.Galeano

Noche en Damasco…

Son las siete. En Damasco anochece pronto. Es el momento de que saques el mechero y quemes esa guía tan “informativa” que parece tu tercer brazo, tu pequeño Gran Hermano. Quémala de hecho o de metáfora, pero quémala.

A la noche de Damasco hay que llegar sin prisas y con ganas de perderse. Disfrutar de las callejuelas que no llevan a ninguna parte, de los arcos repletos de banderines, de la luz ocre de las farolas, de los puestos de zumo de naranja.

Sin prisa y con toda la calma del mundo. Nadie te molestará. Los restaurantes están abarrotados hasta la medianoche, después es el momento de té, la danza y los narguiles. A los sirios les encanta bailar, tocar la pandereta, recitar sus cuentos sin edad. A los sirios les gusta contar, les gusta que les cuenten, les gusta charlar y también estar en silencio.

La noche está llena de bicicletas dormidas y de agua que gotea en las fuentes (con el vaso de metal apoyado en la piedra). Burbujea la fiesta en las casas. Esta ciudad es la de los cuentos de las Mil y una Noches. Esta sí. Nadie te molestará. En uno de los cuentos del libro, el sultán encarga a un mercader encontrar la historia más maravillosa jamás contada. Los esclavos salen a buscarla y finalmente uno la encuentra: está en Damasco, en la boca de un hombre que borbotea cuentos todas las noches. Se llama Abu Shadi y es el último de los grandes contadores de historias.

Salgo a buscarle.

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Mi contacto hasta ahora con la población saudí se había reducido a tres situaciones:

– 1: Un chico se pasa media hora mirándome en la Mezquita Omeya (Damasco, Siria). Vestía “raro” (raro para Siria). Túnica blanca hasta los pies y la cabeza cubierta también de blanco. Me miraba. Y yo no paraba de subirme la capucha de mi túnica gris hasta los pies. Mi primer día en Siria y sola… Me subo la capucha.  El guía de la mezquita se acerca para traducirme al inglés: “Es de Saudi Arabia. Me pregunta si es posible que os hagáis una foto los dos juntos”. Yo encantada.

– 2: Mientras mi taxista sirio arramplaba el Duty Free de la frontera entre Jordania y Siria un señor compra seis móviles. El blanco de su túnica me pica en los ojos. Tengo 700 liras sirias en el bolsillo (unos 10 euros)…  Mi taxista me llena los bolsillos de cartones de Marlboro para pasar la frontera; me siento sucia y deforme ante tanta blancura.

– 3 Espero la cola de un cajero en Damasco con Pili. No hay más dinero, los 700 se han acabado y en todo Siria sólo hay cajeros en esta ciudad.  Y éste es el último que funciona.  Cinco de estos señores de blanco están delante sacando liras una y otra vez, hasta el máximo, una y otra vez. Media hora.  Otro tipo, éste sirio, se dispone a sacar.  NO HAY DINERO. Aparece una irani e intenta saltarse la cola (costumbre de las mujeres en Irán), el sirio pasa del tema. La iraní se pone a chillarle, el sirio ni la mira, los saudíes se ríen desde lejos, la hija de la iraní llora, el sirio le dice que “se vuelva a su país” (traducción cedida por Pili).

Mis pobres conclusiones:

1- Los saudíes son los alemanes europeos. Turistas en potencia.

2- Los saudíes tienen pasta.

3- ¿Dónde coño están las mujeres? ¿Cómo visten? ¿Salen solas? ¿Por qué nadie habla de las mujeres saudíes cuando los hombres se pasan el día reunidos con señores occidentales sin bigote? ¿Por qué no sé nada de nada?

Hoy, gracias al fantástico blog Objetivo Oriente Medio, he sabido un poco más. Más sobre por qué no hay mujeres de Arabia Saudí turisteando en Siria o en Líbano, más de por qué no sé más. El documental está firmado por Discovery Chanel y realmente es muy interesante.

Transcribo el resumen que Itxa ha hecho de cada parte:

Video 1:

En esta primera parte vemos cómo la periodista tiene que adoptar las costumbres sauditas de vestimenta (ponerse el conocido’abaya negro que cubre cabeza y cuerpo) y desplazarse siempre acompañada por un hombre, en su caso, un señor escolta que le proporciona el gobierno y que será puente de comunicación entre ella y cualquier hombre.
1er choque: el vestuario. Incómodo y caluroso.

2º choque: a la hora de comer sólo podrá acceder a las zonas especiales para mujeres.

3er choque: se da cuenta de que en Arabia Saudí las mujeres se encuentran toda su vida en plena sumisión hacia el hombre. Si son solteras, dependen de su padre; si están casadas, de su marido; y, si son viudas, de sus hijos. Las mujeres no pueden tener DNI ni pasaporte, tampoco ir a ciertos lugares, como un hospital por ejemplo, sin el permiso de éstos sus guardianes.

4º choque: primer encuentro con las autoridades, en este caso, la policía religiosa o moral que le transmiten, a través de su escolta por supuesto, que no están de acuerdo en que vaya por ahí llamando la atención con una cámara. Pero al final le dejan continuar con su trabajo.
5º choque: maltratos ocultados. Muchas mujeres son golpeadas y maltratadas por sus maridos (bueno, esto también pasa en otros países). Hace un tiempo una famosa saudí decidió publicar sus fotos en el hospital tras una paliza asestada por su marido. Le aprobaron el divorcio. Hoy en día el 50% de los matrimonios en Arabia Saudí terminan en divorcio, un derecho que el Corán reconoce pero que en este país se convierte en una carrera de obstáculos para la mujer.

6º choque
: ¿cómo podrá haber reformas si en este país está prohibido criticar al gobierno? Además, las reuniones de más de 20 personas necesitan de una orden gubernamental especial.
7º choque: Hay elecciones municipales y 3 son las mujeres que se han presentado candidatas pero no quieren hablar con la periodista por miedo. Finalmente, una de ellas acepta y es la segunda entrevista en la que aparece el controvertido tema sobre el problema y limitación que el periodo (la menstruación) supone para las mujeres a la hora de desarrollar ciertos derechos. Esta no es la opinión de la candidata, sino de muchos hombres (y mujeres) en este país.
8º choque: periodista y mujer, la mezcla maldita. Entrevista a una de las pocas periodistas que existen en este país (de las que escriben, no de las que ponen la cara bonita en la televisión). Imaginad por un momento cómo sería trabajar para un medio y cada vez que necesitárais hacer una llamada o escribir un email (unas 20 veces cada mañana, vamos) tuviérais que hacerlo a través de la mediación de un hombre. Aunque recientemente esta norma se ha suavizado un poco en el caso de las periodistas que estén ejerciendo su profesión.

9º choque: entrevista frustrada con la sociedad nacional de Derechos Humanos. Primero, le niegan el paso en la puerta por ser mujer. Tiene que entrar por la puerta especial para las mujeres. Después el delegado no accede a la entrevista porque piensa que una mujer hablaría mejor sobre los derecho de la mujer. Una vez que consigue hablar con una mujer, ésta tampoco acepta ser entrevistada porque está en contra de su religión!

El documental termina con una sensación un poco extraña. Sobre todo con respecto a las nuevas generaciones, mujeres jóvenes que se esfuerzan por sacar adelante una familia y un título universitario. El problema es que, al final, este título se queda cogiendo polvo en el armario.
Además, en las elecciones municipales que se mencionan ni siquiera les está permitido a las mujeres votar…
Que cada uno saque sus propias conclusiones. Es increíble cómo priman los intereses económicos en la información.  Desde Occidente, nos pasamos el día satanizando a los kurdos, a la Hezbollah, al Ramadán, a la familia Real jordana, a Siria Eje del Mal… ¿Dónde está la mujer de Arabia Saudí?
Pero todos tenemos un coche, moto o autobús que arrancar por las mañanas…

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Perdí el pasaporte hace una semana en Líbano, creo que en el autobús de camino a Beirut. (muy típico de Pili, lo sé, ahorraos el comentario por favor). Me di cuenta de ello el día que nos volvíamos a Siria, sábado. El cónsul me dijo por teléfono que esperase hasta el lunes y que hiciese la denuncia en la policía. La policía dijo que esperase hasta el lunes para ir a la central donde hacen ese tipo de denuncias a los extranjeros. El lunes fui a la policía a las 9 de la mañana. Entré en un edificio con un turno de papel rosa en la mano. Me mandaron al primer piso, donde me hicieron una pre-denuncia y me ordenaron comprar unos sellos oficiales en la planta baja. Desde allí a la tercera para que firmase la declaración el General Pierre Francis (al cual no llegué a ver). Luego tuve que ir al registro para que quedase constancia de la denuncia. El último paso era ir al edificio de la Seguridad General (equivalente de la CIA, me dijeron…), para que me lo sellasen.

En la manzana de al lado estaba la Seguridad General. Turno para entrar. Subí a la tercera planta donde me atendió un militar medio apático. Me preguntó que cuando quería abandonar el país; al decirle “hoy” me miró con cara de circunstancias y me mandó a la primera planta, a la habitación de seguridad (“Gorfat-al-amin”). Allí había varias mesas con militares que me mandaron al cuarto de al lado, donde una mujer, aparentemente importante y asqueada de atender a extraviados, me miró de forma condescendiente y me firmó un papel, devolviéndome a la sala anterior. Allí tuve que pagar 60.000 libras libanesas (como 40 euros). No tenía dinero y se me escaparon un par de lágrimas de frustración (no sabía lo que me quedaba…). Salí a pedirle a Miriam –que esperaba fuera pacientemente– el dinero que me faltaba. Entré. Pagué. Me sellaron otro papel, (ya tenía un expediente digno de dicho nombre, con muchos sellos y firmas). Me dijeron que tenía que ir a la policía para que me hiciesen una declaración del robo o pérdida.

La policía también estaba cerca en un edificio un poco pintoresco. Llegué a la puerta de los bajos de un puente bajo una avenida ancha donde me esperaba uno de los militares que me había atendido antes. Bajamos al sótano donde había mucha gente esposada, poca luz, y militares a punta pala. Allí pasé dos horas más. Dos horas contando cómo pensaba que había perdido mi preciado pasaporte. 2 horas esperando confirmación de la frontera que confirmase cuando había entrado en Líbano. 2 horas escuchando como llamaban al ya familiar General Pierre Francis. Esperando. Mirando el reloj con la esperanza de terminar a tiempo para ir a la Embajada para hacerme el pasaporte nuevo.

Por fin consigo la declaración firmada y voy a la Embajada. El pasaporte me lo hacen en menos de 30 minutos, aunque habíamos llegado poco antes de que cerrasen. Claro que al darme el pasaporte me dicen que no me puedo del país ir sin que la Seguridad General me selle el pasaporte con un permiso de salida y que la Seguridad General ya está cerrada, (son las 3 de la tarde). Pregunto si lo puedo intentar en la frontera y me dicen que bueno, que pruebe.

Cogemos un minibús a la frontera. En la frontera no hay tu-tía. Que me vuelva a Beirut. Casi intentamos sobornar al militar de turno, pero no hubo coraje, ni ganas de pagar, ni ganas de meternos en un lío ni de romper los principios de honradez.

Volvemos a Beirut (2 horas de viaje), a casa de los pobres Natalia y Karim, que nos llevan acogiendo todo ese tiempo. La pobre Miri decide no odiarme y en lugar de eso odiar al país.

Para resumir el final, me pasé la siguiente mañana desde las 9 hasta las 2 en la famosa Seguridad General, (donde me pedían mas dinero, pero al final me lo dejaron gratis, “alhamdullillah!”). Por fin llegamos a la frontera, donde tuve que pagar por un visado nuevo. Y salimos de Líbano, con una sensación de alivio y de amor absoluto por Siria, tierra tranquila que nos volvía a abrir sus puertas.

La burocracia es tremenda en todos sitios, pero si encima es en árabe, en tres edificios, tarda un día y medio de plena dedicación y tienes muchas ganas de irte…es peor que tremenda.

Así que nada, sólo quería compartir un poco de mis desgracias por estas tierras.

Un beso

Pili

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Nos vamos al sur de Siria en un pequenyo Clio blanco. Ya nos han puesto dos multas, pero hacemos por no entender (Pilar y Vivian hablan arabe, pero ojos que no ven…) La mayor parte de los carteles estan solo en arabe, asi que, tras rodear dos horas Damasco decidimos que lo de ir por las “autenticas” carreteras secundarias es para personas con mayor capacidad espacial: iremos por la unica autopista del pais.

Bosra es una pequenya ciudad en medio del semidesierto oriental que no tendria nada de especial si no fuera porque se encuentra construida encima de una ciudad romana esplendida, Bosrus, la capital romana de arabia. Con el teatro romano mejor conservado que haya visto nunca, la visita ya mereceria la pena. Pero es que ademas los habitantes de la nueva Bosra viven entre las ruinas. Usan los capiteles romanos para apoyar su relucientes motos, sus ninyos juegan al escondite entre estatuas de Jupiter y la calzada romana es el lugar donde pasear por las tardes. Aqui no tiene nada de especial. Una familia de palestinos nos invitan a su casa, “que os parece que de repente haya turistas en su pueblo? Nam, nam“, (si), les parece muy bien. Aunque no entienden muy bien por que esos rubitos de pantalones cortos se quedan mirando la columna del patio del vecino. Siempre estuvo ahi… Y por que preguntan por esas monedas tan sucias y viejas con las que los ninyos juegan a los mercados? Estuvieron ahi desde siempre. La matriarca de la familia nos invita a chay (te) y esta encantada de que le haga una foto. Levanta la mano orgullosa, quiere que quede bien claro que saluda al modo palestino. (Victoria o muerte)

Nuestra idea de lo antiguo tiene algo de perverso, la idea de aislar las ruinas y desnaturalizarlas. Estuvieron ahi desde siempre, para jugar, charlar y construir casas con ellas. Por que nos empenyamos en meterlas en urnas de cristal? El te con cardamomo esta buenisimo, toda la familia esta muy contenta porque el padre acaba de llegar de Jordania, de visitar a viejos companyeros de lucha. La mujer sonrie a su hombre, tienen mas de cincuenta anyos pero hace tan solo cinco que pudieron casarse. La guerra y la familia no hablan el mismo idioma.

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De pequenya me llamaban cuentista. De noche mi madre, antes de dormir, me leia siempre un cuento y cuando ella se cansaba de leer, me inventaba lo que ponia en las paginas de los libros. El libro que mas me gustaba era el de las Mil y Una Noches, habia tantas historias que nunca parecian acabarse. La ciudad de Damasco aparecia en muchas de ellas…

Me la imaginaba caotica, de colores, con el olor a cardamomo mezclandose con el del falafel recien hecho. Repleta de tunicas y turbantes, con gente paseando por las calles a cualquier hora, charlando en los quicios de las puertas. Y esa es Damasco: la ciudad de mis cuentos y un verdadero laberinto medieval. Nunca sabes a que callejon te conducira la estrecha calle por la que estas andando, si llegaras al patio de limoneros de una casa o a la imponente mezquita Omeya (la tercera mas sagrada del Islam) Caminando descalza por el patio de marmol de la Omeya un jeque de los Emiratos se me acerca. Do you want that I put the scarf on my hair? No, no! El jeque se sonroja, quiere que nos hagamos juntos una foto, le encantan mis pantalones anchos, dicen que son de Baghdad. Poco a poco se va sumando mas gente a la foto y acabamos diciendo “salam malekom” dos jeques, tres irakies, una turca, un frances y yo. En el patio sagrado los ninyos juegan al escondite, rodeando la tumba de Juan el Bautista.

Medieval, arabe hasta la medula, con gente de una tranquilidad y amabilidad asombrosa:esta es Damasco. Apenas hay extranjeros y los que hay vienen a trabajar o a aprender arabe. Es la idea perfecta de turismo… y ahora yo soy el bicho raro. Don’t you speak arabic? Nooooo….. Aqui casi nadie habla ingles y lo que funciona es el lenguaje de gestos, las sonrisas y decir muchos sukran (gracias) repetidas veces. Aunque los sirios te miran muy curiosos siento que se me respeta mucho. Quizas porque soy una mujer occidental: las sirias se me acercan muy cordiales, tocando mi pelo rizado y a los sirios les encanta que sea espanyola, del Al-Andalus, como ellos dicen.

En un par de dias parto hacia Libano, mientras tanto sigo vagando por las calles de la ciudad de mis cuentos.

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A un lado Europa, a otro Asıa… en el centro Estambul.

Aterrızo de nuevo en esta cıudad que no dejara nunca de sorprenderme. Una de las mas bellas, de mas hıstorıa, la capıtal mundıal de la cocına en 2008, la mas, la mas.. Bızancıo, Constantınopla, Istambul… Sı los nombres son evocadores la cıudad lo es mas. La mas. Sın duda la mas onırıca de las cıudades que haya vısıtado en mı vıda. Y vuelvo de noche, con mı mochıla a cuestas, sın reservar alojamıento y con un tren que coger muy temprano que no se sıquıera sı es una leyenda urbana. Da ıgual. No hay sıtıo en nıngun hostel del centro. Da ıgual. Tres de los hosteleros me ofrecen su despacho para que duerma. En el cuarto accedo. Pero el hostelero se da cuenta de que en su despacho el calor es axfısıante ası que me deja toda la terraza para que ‘duerma’. Espero poder colgar muy pronto las fotos de mı ‘habıtacıon’: a la ızquıerda veo Santa Sofia, a la derecha la Mezquıta Azul y el Cuerno de Oro de frente… He dormıdo cuatro horas, entre llamadas al rezo a las cınco de la manyana, europeos de fıesta, mosquıtos asesınos y gatos que se empenyan en hurgar en mı bolso. Me da ıgual. En la cıudad del pırata todo es posıble. Y si, lo del tren a Sırıa era una leyenda urbana, me he levantado a las seıs de la manyana y nı tren nı nada parecıdo. Ası que me toca ırme en bus hasta Damasco: unas 30 horas. Me da ıgual? Confıeso que odıo los autobuses…

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Seguro que todos os preguntáis (seguro) por qué he cambiado la imagen veraniega de la cabecera de mi blog por la de unas extrañas ruinas romanas en medio del desierto con una torreta de petroleo al fondo. Pues bien, ¡mañana me voy de viaje tres semanas a Oriente Medio!

Todo el que me conoce mÍnimamente sabe que soy una viajera obsesiva y en que, en cuanto puedo, me escapo de mis queridos madriles a donde sea y como sea. Una vez mi mejor amigo me dijo que para él viajar era como poner una chincheta en la línea continua, sin baches ni colores, en que a veces se convierte nuestra vida. Es la mejor definición que he oído nunca. El viaje es una especie de ruptura con el tiempo,  es una llamada a la memoria y a la necesidad de atesorar momentos irrepetibles.  Y sí, necesito irme de mi rutina y de mi ciudad para recordar por qué la quiero tanto,  al igual que necesito volver para recordar por qué quiero escaparme.

Esta vez el viaje será muy, muy especial. El camino comenzará en Estambul. Desde que la conocí estoy enamorada de esta ciudad y además es la forma más barata de empezar la ruta por Oriente Medio. Desde allí tomaré el Toros Ekspresi, un mágico tren que durante más de treinta horas recorre la inmensidad de Turquía hasta dejarme en Damasco. Allí me esperan dos grandes amigas y compañeras durante gran parte del viaje. Pronto, muy pronto, viajaré de nuevo sola a Jordania para visitar las soñadas ruinas de Petra. Será mi primera incursión en este país (volveré después para flotar en el Mar Muerto y hacer submarinismo en el Mar Rojo). Rápido regresaré de nuevo a Damasco para visitar el bellísimo Líbano -la animada Beirut y sus pueblos costeros-… De nuevo Siria: Palmira, Aleppo, el Eúfrates… Mil sitios por descubrir. De vuelta a Estambul aprovecharé para visitar la zona kurda, en el este del país, la que me quedó por ver en marzo. No hay palabras para describir la vista desde el misterioso Monte Nemrut, ni los tranquilos pueblos otomanos Una paradita en el Mar Negro y vuelta a Estambul….

Espero poder narrar poco a poco este viaje que llevo soñando desde hace meses… El acceso a los blogs en Siria es difícil a causa de la censura pero haré todo lo posible… Y hasta entonces…

¡SALAM ALEIKUM!

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